Quieren hacer la PCR a los que acuden a prostíbulos, pero ¿dónde están?

Los brotes en prostíbulos está resultando una  misión imposible para los rastreadores, porque nadie quiere decir que han ido a ellos. 

El Gobierno lleva semanas poniendo el foco sobre el ocio nocturno. Tanto, que acordó su cierre hace unos días con las comunidades autónomas, que ya han empezado a hacerlo realidad. Sin embargo, los prostíbulos no han cerrado. Su licencia, diferente a la de los bares de copas o las discotecas, se lo ha permitido de forma discreta. Hasta ahora, cuando varios brotes de coronavirus originados en ese tipo de locales amenazan con no poder ser controlados ante la dificultad de rastrear a los clientes. Nadie quiere decir que acude a los mismos, según cuenta 20 Minutos.

Es el caso del suceso ocurrido en Las Palmeras, un prostíbulo de Alcázar de San Juan. Una de sus trabajadoras comenzó a sentir los síntomas del Covid. Fue el primer caso. El Ayuntamiento del municipio cerró el local e hizo rastreo y logró confirmar otros seis contagios entre trabajadoras, que afectó a cinco convivientes. En total, 12 positivos más cuatro contactos en seguimiento. No obstante, ninguno de ellos era cliente del local, como confirmó el Gobierno de Castilla La Mancha, donde están el 80% de los clubs de alterne de España. Además, ese no ha sido el único. Este martes se conoció un brote con cuatro positivos en un prostíbulo de Cox, municipio de Alicante. También en abril, en lo peor de la pandemia, se registró otro que dejó 14 personas contagiadas.

Por todo ello, la ministra de Igualdad, Irene Montero, se ha sumado a la petición del partido integrado dentro de Unidas Podemos. Esta semana, interpeló a las autonomías para que cerraran estos locales porque, más allá de la «constante lucha contra la explotación sexual» por parte del Ministerio, son lugares donde el rastreo, reconoció, «es difícil». En una misiva, aseguraba que «los contagios que pueden producirse en esos locales pueden llevar a un aumento exponencial de positivos de difícil rastreo». De momento, la primera en prohibirlo ha sido la Junta de Castilla-La Mancha, que lo ha oficializado esta semana. Cataluña se ha sumado y otras, como Madrid, ya se lo están planteando.

«Yo lo achaco al estigma social que puede provocar», explica M.T., rastreadora de un centro de salud de Cataluña. En una conversación con 20Minutos, asegura que no ha tenido que rastrear contactos de brotes en prostíbulos pero lo relaciona con esa causa porque, dice, no es la única situación en la que es difícil hacer una lista de los contactos.

Este hecho, dice, se da también «a menudo» en entornos laborales. «Hay veces que detectamos que un trabajador ha dado positivo y se niega a darnos el nombre de la empresa para no quedar señalado, ya que en la mayoría de ocasiones esas compañías no cumplen con las normas sanitarias y serían sancionadas», argumenta. En este sentido, recuerda que la información que comparten los casos con los rastreadores es «confidencial».

Otra de las situaciones en las que reconoce dificultades para rastrear es en los brotes de ocio nocturno. No tanto porque aquí los positivos les pidan no dar nombres, sino porque en una discoteca es muy difícil saber quién ha estado sin registro de clientes, como ha pasado en los prostíbulos donde ha habido brotes.

La duda, entonces, es qué hacer cuando no se pueden rastrear los contactos de los positivos. Una de las respuestas posibles es la de hacer test localizados en la población o entre los que dicen haber estado. Es una de las pocas veces que estos cribados funcionan, según analiza el doctor Salvador Peiró, de FISABIO. «Cuando, por lo que sea, el brote es muy importante y se desborda, montar la carpa o hacer un cribado más o menos masivo en un sitio con bastantes casos parece lo razonable», reflexiona.

In this article