Procesados cuatro mandos militares por el encubrimiento de la muerte de un legionario

Alejandro, un joven legionario, recibió un disparo en el pecho en unos ejercicios militares que le produjo la muerte.

 

El juez militar ha decidido procesar a cuatro de los mandos por el encubrimiento de las causas de la muerte del joven militar.

Los hechos se remontan al 25 de marzo del año pasado, cuando en unas maniobras militares, realizadas en Agost (Alicante), el legionario Alejandro Jiménez Cruz recibió un disparo en el pecho que le causó la muerte.

En ese momento la Guardia Civil comenzó una investigación minuciosa que destapó numerosas irregularidades en torno a la muerte de Alejandro, según publicó el diario El País.

En un primer momento, la versión que se dio fue que el joven legionario fue alcanzado por un rebote de un proyectil, el cual le habría entrado por la axila, hueco que no tapa el chaleco antibalas.

Tiro directo y sin placas

Sin embargo, la prueba pericial pudo determinar que no fue un rebote de un proyectil, sino un disparo directo, disparado por su propio sargento a tan sólo 12 metros y medio de distancia.

Además, se pudo comprobar también que no llevaba las placas del chaleco antibalas, las cuales le habrían protegido del disparo. Placas que pesan dos kilos y que admitieron los soldados no llevar nunca.

El proyectil fue la clave

Horas después de producirse los hechos que dieron lugar a la muerte del legionario, se procedió a limpiar la zona, lo que borraría cualquier prueba, si bien, el proyectil que impactó en Alejandro y el cual se quedó dentro de su cuerpo, ayudó en una segunda autopsia a conocer las verdaderas causas de la muerte.

Según el juez militar, la noche del día de autos, el capitán de la compañía reunió a los mandos a sus órdenes. En esa reunión les dijo que debían decir que él estaba presente cuando ocurrieron los hechos, cuando realmente no había estado.

Al día siguiente, habría saltado el precinto de la Guardia Civil que protegía el lugar de los hechos en el campo de tiro, e hizo una reconstrucción de los hechos falsa, para que los legionarios se la aprendieran antes de la llegada de los agentes de la benemérita.

La finalidad de todo ello era ocultar la realidad de lo que había sucedido. Que los dos pelotones asaltaron de forma simultanea la loma disparando desde flancos opuestos, con el peligro que ello implicaba de fuego cruzado. Que el sargento disparó, cuando sólo debía supervisar, o que un teniente y un cabo se unieron al ejercicio sin informar a nadie.

El auto

Según el auto judicial, con el ejercicio ya acabado, el sargento improvisó un nuevo enemigo y ordenó disparar a la falda de la loma. Con los legionarios con rodilla en suelo comprobando sus cargadores, se escuchó a Alejandro gritar que le habían dado.

Nada más llevarse a Alejandro malherido del lugar, se ordenó a varios soldados recoger las vainas, lo que alteró la escena de los hechos.

Los delitos por lo que el juez militar procesa al sargento son homicidio imprudente, abuso de la autoridad y obstrucción a la justicia, pidiendo 330.000 euros de responsabilidad civil.

Al capitán, deslealtad, encubrimiento y desobediencia a agentes de la autoridad.

A los dos tenientes, el cabo y los tres soldados, encubrimiento, entre otros delitos.

Testigo

El único testigo que dijo a la Guardia Civil que se les habían dado indicaciones para alterar los hechos ocurridos fue sometido a acoso, siendo tachado por sus compañeros de “traidor y maricón”, cogiéndose una baja por motivos psicológicos, hasta que finalmente fue apartado del servicio.

 

 

 

 

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